Galeones, estados y cautivos

Explosión del galeón San José,  por Samuel Scott  (fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Galeón_San_José)

Explosión del galeón San José,
por Samuel Scott
(fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Galeón_San_José)

Acaso acabe por imponerse la cordura en un contencioso que ha empezado mal.  El hallazgo del galeón San José podía recordar bastante al del Nuestra Señora de las Mercedes, que el Gobierno de España recuperó después de un pleito nada fácil con una empreza cazatesoros; la legítima satisfacción por recuperar un patrimonio perdido parecía que podría repetirse ahora, pero el Gobierno de Colombia no está dispuesto a ceder y cuenta con evidentes ventajas, no sólo jurídicas. Tan es así que hasta El País ha escrito un editorial desaconsejando al Gobierno español pleitear por el pecio, con evidente deleite del presidente de Colombia.

Encuentro, al menos, dos aspectos poco claros en ese editorial: primero, la vaguedad sobre el vínculo entre la Monarquía Católica o Hispánica y el actual Estado español; es evidente que éste sólo se legitima en la voluntad de su sujeto soberano, el pueblo español, y que su fundamento está en la Constitución de 1978. Pero, de la misma manera que esa constitución no rompió con el régimen de Franco, sino que lo reformó, tampoco los sucesivos cambios constitucionales de los siglos XIX y XX rompieron del todo con lo anterior; aunque el Estado como forma jurídico-política sólo nazca con el constitucionalismo político moderno inaugurado en Cádiz, las contunuidades son demasiadas como para obviarlas: desde la Monarquía (la dinastía reinante es la “dinastía histórica” y el heredero a la Corona ostenta los títulos “vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España”: CE, 57. 1 y 2) hasta “derechos históricos” de determinadas comunidades, derechos propios en el ámbito civil, o cuestiones territoriales y de lindes. Precisamente al no abordar con rigor y sin complejos este vínculo, o al quedarnos con fórmulas vagas y neutras como las que prefiere El País, se nos plantean tantas dudas sobre “el ser” de España y de las partes que la componen. En lugar de asumir como clave de nuestro presente una historia rica pero compleja, fértil para las preguntas pero esquiva a las respuestas fáciles, preferimos enaltecer o condenar, añorar o desentendernos. Es por eso, y aquí viene la segunda de mis dudas con el editorial de El País, que en este punto se mezcla la “memoria” con la historia: si desde la historia se renuncia a aportar un rigor que huya tanto de la facilidad como de la noñería y la exaltación patriótica, acabaremos presos de lecturas no sólo presentistas del pasado, sino empeñadas en buscar culpables o, aun peor, en no reconocer a las víctimas, de manera que se perpetúen antagonismos estériles entre quienes ya no se sienten concernidos por enemistades de antaño.

Hace sólo un par de días tuve la suerte de evocar en Barcelona, en la sede del Instituo Europeo del Mediterráneo (IEMED), junto a los compañeros del Departamento de Historia Moderna de la UB, la triste suerte que corrieron cientos de miles de cautivos en el Mediterráneo de la Edad Moderna. Resulta imposible no conmoverse con sus historias ni condenar las crueles formas de hacer la guerra en el siglo XVI (aunque no más crueles que las de los siglos XX y XXI); pero tan erróneo sería juzgar aquella época con nuestros criterios como hacerlo exclusivamente con los de entonces. Por eso tenemos que empeñarnos en proporcionar con todo rigor los elementos que permitan unir el pasado con el presente, que faciliten nuestra comprensión de una historia que, como la del Mediterráneo de la Edad Moderna, es compartida, y que hagan posible que nos reconozcamos herederos de aquel tiempo, para lo bueno y para lo malo, y desprovistos tanto de revanchismos o victimismos como de triunfalismos.  La mejor solución en el caso del galeón San José es buscar fórmulas que pongan por encima de todo el respeto al patrimonio, a la memoria de quienes vivieron y sufrieron aquellos tiempos y al carácter común de un pasado compartido. Acaso se puedan encontrar.

Sin categoría

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


¡IMPORTANTE! Responde a la pregunta: ¿Cuál es el valor de 12 3 ?